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Ruben Neyra
Cuba
Monologo: El deseo inconcluso de un muerto.
Tengo más de 3 siglos escondidos debajo de esta tierra maldita y nadie absolutamente nadie, me ha venido a rescatar. He visto más de cientos de millones de caras y rostros desconocidos, que deambulan sin cesar por esta tierra seca y húmeda por el sudor de sus muertos.
Aquí he conocido a muchas de las razones por las que algunos todavía se lamentan de haber vivido sin lograr lo que quisieron, he cabalgado sobre millones de bestias y he roto muchos asientos reales, no se que cantidad de reyes y emperadores me han preguntado por la hora en que debíamos haber salido a la intemperie y ponerle fin a todas las fatalidades y errores humanos, ¡pero creanme que no encuentro el camino definitivo que me lleve a la salida de este encierro de mas de 4 siglos ¡
Desde mi alcoba mortuoria a mas de 20 metros de tierra apisonada, escucho el trinar de las ametralladoras y el disparar de los pájaros, que también son nuestros muertos y los de arriba, aquí se oyen millones de voces clamando por que les llegue la muerte, pues están cansado de tanta vida, que no es vida, que es la muerte, como la de nosotros. Sobre mis espaldas cabalga la furia indetenible de millones de bestias desnudas que han perdido a su amo, un héroe muerto a campo traviesa o un bandido que se escapaba con el botín robado a un mísero rey, en mi camisa raída por mis huesos, guardo aun la marca del disparo que una infausta mañana acabaría con solo 30 años de mis esplendorosa vida.
Era el rey, o el Márquez o mucho mejor, el herrero de una inusitada fragua, donde cada mañana recogía muchas de las miserias que dejaban los caballos, por mis narices he visto pasar muchas de las carnes descompuestas de bellas damas de alta alcurnia, por detrás de mi espíritu o por delante de mi alma tremebunda he visto pasar a José Marti, con su pluma, dándole terminación a cuantas palabras dejo inconclusa en esa tierra por donde han pasado muchos locos inconclusos.
He escuchado el lamento de Lenin, cuando clama a viva voz un no se qué en vano afán, pues no lo escuchan, he oído al mismismo Carpentier con un lejano suspiro, cuando pedía que le dejaran cantar en alta voz, su Arpa y la Sombra.
Y de pronto parece que he encontrado el camino de regreso a la tierra, que ya no es la tierra, que es la misma donde he estado oculto con muchos millones de gritones, que desde acá abajo claman por salir a reencontrarse con su deudor, con aquellos que un día acabaron con tanto placer de pescado y lujuria mantenidos en vida. Parece que he llegado al fin a ver el sol, y de pronto me he visto rodeados de muchas cosas extrañas, cosas, que no parecen y lo son y me encontrado en este vano afán de vuelta, a el mismísimo “Dante”, escogiendo entre los vivos, en una plaza llena a millones de congregados que gritan palabras e indescriptibles voces, implorando a un salvador de cara oculta, que acabe por llevarlos al sepulcro de los vivos, allá abajo de donde vengo, y sin apenas darme cuenta, veo chocar un águila gigante, contra la selva de casas altas y brillantes y brotar de ellas, almas encendidas, que penetran en la tierra seca y húmeda por el sudor de los nuevos muertos. Saco mis dedos embarrados de huesos y lloro por las flores, que detrás, a mis espaldas cubren a un cuerpo vivo- como el mío- de un niño que muere sin causa aparente, solo por el golpe duro de una animal con ruedas de hierro que botó por su férrea boca, maldición de fuego.
Sigo cabalgando con mi alma roída por el calor de la intensa jornada y veo a muchos de los vivos con caras de muerto, que en vano en una mañana de mayo claman y gritan indescriptibles palabras para mi desconocidas, y veo un mar rodeado de gente con las manos de colores, manos con carne y estrellas, me siento asustado y decido interpretar que estoy entre los vivos y que aun no he muerto, solo me doy cuenta que no es así, cuando una dama con traje entallado a la cintura y brazos descubiertos desafiando los cánones de aquella época de 3 siglos que me toco vivir, me abraza y me da un beso, confundida con mi otro yo de fuerte aspecto, que asido a su cintura gritan y gritan, como les decía, desafiando al viento, solo yo que he cabalgado siempre al lado de los muertos, entiendo por que aquella legión de negros que sin razón murieron, perfumaban con su aliento, también aquella plaza de personajes ¿muertos?
Estoy sin entender lo que la muerte entiendo, pero en vida es mas que el aliento de los que aquí arriba no se ponen de acuerdo, decido regresar a mi mundo de ¿los muertos? a contarles a mis amigos, desde el Neandertal funesto hasta el que llegue en reciente ceremonia, que mejor que estar respirando un aire fresco, es permanecer allí de donde vine donde no se discuten los misterios y el olor inmundo de viejo muerto, es el mas calido perfume, comparado con el tufo insoportable de las incomprensiones de los que viven muertos.
Autor: master. Rubén Gómez Neyra.
Envio Moravia Ochoa
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